miércoles, 22 de mayo de 2013

Geometría ardiente: primer disco del dúo Álvarez (piano) y Sepúlveda (batería)




Aunque a lo largo del siglo XX el piano y la batería se han encontrado en numerosos géneros musicales, populares o académicos, pensar en un ensamble de solo piano y batería parecería poner de manifiesto una relación entre dos instrumentos con abolengos bien diferentes: el uno más apegado a una tradición clásica y académica y el otro a una tradición más popular y contemporánea. Ese encuentro, extraño y afortunado, es la apuesta que encontramos en Geometría ardiente, primera grabación en dúo de Holman Álvarez (piano) y Jorge Sepúlveda (batería), trabajo que podríamos ubicar entre el jazz experimental y la música contemporánea.

Y es el énfasis en la relación entre esos dos instrumentos una de las principales apuestas de este nuevo trabajo. En la música popular occidental, del blues al rock, del swing a la cumbia, del son a la salsa, la sensación espacial de la articulación de los instrumentos tiende a formarse como las capas de una cebolla: en el exterior, abrazando y limitando el todo, aparecen la percusión y el bajo, y todo lo demás se ubica, siguiendo esta metáfora, en las capas interiores. De hecho, los instrumentos, según el género, se estructuran jerárquicamente: los melódicos, por ejemplo, tienden a subordinarse a los rítmicos, los cuales ponen el piso y disciplinan el tempo.

En el caso del trabajo de Álvarez y Sepúlveda, esta relación no es, entonces, tradicional, ninguno de los dos, ni el piano ni la batería, pretende dominar al otro o, al contrario, someterse. Más bien, en el juego que plantean, hay dominaciones y sumisiones que se intercambian con tal frecuencia que la jerarquía tiende a desaparecer. Así, tratan de mantenerse siempre en una constante tensión que, si me permiten seguir con la figura espacial, los hace girar a cada uno en torno al otro. 

Teniendo en cuenta esta cierta independencia, el título, Geometría ardiente, se podría tomar como una descripción primaria de esa relación entre estos dos instrumentos: el piano, tendiente más hacia lo geométrico, y la batería más hacia lo orgánico, sin afirmar que sean tendencias exclusivas de uno o de otro. Así, la sensación de conjunto es la de acoplamiento, a veces justo (geométrico), a veces tumultuoso (ardiente), entre los dos instrumentos. El efecto final, en ningún modo complaciente con el horizonte promedio de expectativas musicales, mantiene al escucha, no lo dudamos, en un constante estado de extrañamiento, aunque un extrañamiento sutil, nunca exaltado.


Por otro lado, valga la pena también reseñar que dentro de las técnicas de composición sobresalen el pastiche (selección y montaje de trozos de partituras de, por ejemplo, Mozart, Charlie Parker o Arnold Schonberg) y la lectura en clave de jazz de algunos movimientos de Música ricercata de György Ligeti. Técnicas importadas de las artes plásticas y que hacen parte de la búsqueda de estos músicos por ampliar las maneras en que se pueda concretar la invención (investigación/creación) musical.

Este trabajo, además, inaugura el nuevo sello discográfico MDF, producto de la asociación, casi esperada, entre los principales actores que han venido apoyando esta escena musical desde hace ya varios años: Matik-Matik, La Distritofónica y Festina Lente Discos. El disco fue registrado por Julián Gallo en el Museo Nacional, y el sugerente y cuidadoso trabajo visual estuvo a cargo de Glenda Torrado.

Con Geometría ardiente, la escena bogotana de música experimental e independiente vuelve a demostrar que los caminos por los que transita siguen ofreciendo felices sorpresas.


Por Germán Serventi 


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