martes, 25 de febrero de 2014

Reflexiones editoriales a un año

Cumplimos un año y parece una buena ocasión para mirarnos un poco el ombligo.

Este mes de febrero iniciamos nuestro segundo año al aire tratando de alimentar este blog con artículos y reseñas sobre música en Colombia. Aunque la recepción ha sido buena y sigue creciendo, no hemos logrado la participación de nuestros lectores en el diálogo que esperamos proponer en cada entrada. Tal vez sea error nuestro, en la medida en que nuestras entradas no apelen suficientemente a las opiniones de nuestros lectores, y a lo mejor eso sea indicio de que la función del blog está mas bien por el lado de la difusión de contenidos alrededor de ciertas prácticas musicales.

Así mismo, también debemos reconocer que el subtítulo de este blog manifiesta más un deseo que una realidad. En perspectiva, el blog no cubre las músicas independientes colombianas y ni siquiera las bogotanas. Un proyecto tal rebasa las posibilidades de este espacio y constituye más bien un trabajo que debe ser adelantado mancomunadamente por artistas, periodistas e investigadores, y que va desde el registro y la documentación, hasta la crítica musical y la investigación académica. El Orejón, en este sentido, solo quiere aportar un granito de arena a esta enorme tarea tan necesaria pero a la que se le dedica muy poco esfuerzo.

En nuestro caso, y dadas las inclinaciones y gustos de los autores de este blog, la mayoría de entradas que hemos publicado han estado dedicadas a una escena musical eminentemente bogotana cuyo centro generador pareciera ser la música improvisada en sus diferentes desarrollos, desde el jazz y la música contemporánea hasta lo más experimental y vanguardista. Esto podría ser una debilidad del blog, pero nosotros preferimos entenderlo como una oportunidad, pues al revisar la bibliografía que hay en torno a esta escena vemos que si bien hay una gran cantidad de material (los músicos, sobre todo, se han preocupado bastante por el registro y la documentación primaria), hay una carencia en cuanto a la crítica musical, la reflexión y a la síntesis histórica de esta escena. Tanto, que todavía no es claro si podemos hablar de un movimiento como tal.

Y aunque en el futuro este blog está abierto a revisar otro tipo de manifestaciones musicales, confesamos que por ahora nuestro interés se mantiene en las propuestas de esta escena bogotana marcada por la experimentación. Una escena que, a nuestro modo de ver, acabará influenciando nuevas sonoridades en las búsquedas de distintos géneros en la ciudad. En este sentido consideramos que, si continuamos la tarea de retratar algunos de sus aspectos, se nos presentan ciertas cuestiones que vale la pena presentar en este primer aniversario como un horizonte para la reflexión.

Un primer tema es la importancia de la conciencia que se tiene de la escena. Aquí parece haber cierta ambigüedad pues aunque vemos que los músicos sí tienen una conciencia de la existencia de la escena, ésta es menos clara en el público, en la prensa, en la investigación e incluso en las instituciones culturales. La mayoría de las reseñas de la discografía de esta escena tienden a mostrar solamente los árboles y no ven el bosque. Mientras se siga pensando que música independiente es sinónimo de música solitaria, la conciencia de la escena, que constituye un aspecto fundamental para su sostenibilidad, se verá seriamente afectada.

Y esta conciencia de la escena obliga a pensar otros tres aspectos. El primero consiste en que no ha trascendido, a lo largo de su desarrollo, un nombre que permita identificar la escena. Esto tiene un aspecto negativo y otro positivo. El negativo es la ilusión homogenizadora que implica la elección de un nombre, mucho más en una escena musical que defiende a toda costa la libertad estética en sus propuestas. Elegir un nombre no solo parece difícil sino contrario a su funcionamiento, pues la elección de una etiqueta se suele asociar a movimientos más formales o comerciales. Pero el aspecto positivo es precisamente que el carácter descriptivo de un nombre ayudaría a profundizar la conciencia del movimiento. Si surge un nombre que cuente con cierto tino, no importa de dónde provenga (se ha hablado del movimiento distritofónico o incluso distritomático), su uso y funcionalidad dependen únicamente de que los actores de la escena lo asuman; pero, si la tendencia general es la preferencia del anonimato para un fenómeno que trasciende a los individuos y a las bandas, entonces seguirá siendo un movimiento inefable.

El segundo aspecto tiene que ver con la sonoridad. En una escena tan diversa como esta, es difícil hablar de una sonoridad y más bien deberíamos hablar de sonoridades. Por ejemplo, en nuestra última publicación, que versó sobre un concierto de Holman Álvarez trío, dijimos, sin profundizar, que la primera parte del concierto tenía una sonoridad más distritofónica. Al reflexionar sobre ese juicio, se nos aparece como un tema interesante pensar cuáles son las sonoridades que caracterizan esta escena, por diversas que sean, y cómo lograr describirlas. Todo un reto, por la dificultad elemental de describir con palabras la música, pero un interesante ejercicio con miras a identificar y diferenciar esta escena de otras manifestaciones colindantes.

El tercer aspecto tiene que ver con la necesidad de hacer síntesis históricas. Si se acepta la existencia de una escena o movimiento (aun si no tiene un nombre), se hace necesaria la elaboración de su historia. Se requiere no solo identificar la cronología del movimiento o sus hitos más importantes, sino también la manera en que se conecta con expresiones musicales anteriores, simultáneas y las posibles influencias que pueda llegar a tener en otras manifestaciones locales o regionales. Así mismo, esta historia debería establecer las conexiones entre música y otras artes, por ejemplos las artes visuales, y la relación entre música y ciudad, cuya reflexión debe incorporar también la conexión entre músicas urbanas y músicas tradicionales y campesinas. Al respecto de esto último, por ejemplo, valdría la pena mirar qué impacto ha tenido el hecho de que Bogotá haya sido reconocida por la UNESCO como una de las cinco ciudades de la música.

Sin duda, una escena como esta muestra muchos aspectos interesantes a los cuales prestar atención, como el asunto de la autogestión y el acceso a recursos públicos; el uso de las nuevas tecnologías, y, tal vez uno de los grandes problemas del medio, la consolidación de públicos y su relación con la sostenibilidad de los proyectos.

También nos alienta a seguir este programa, aunque no de manera sistemática ni mucho menos, que este año el colectivo La Distritofónica cumple sus primeros diez años. Su labor central en esta escena nos convence de que los temas de reflexión aquí propuestos sí parecen oportunos y necesarios, ya sea para asumirlos y desarrollarlos o para contestarlos y buscar otras formas de pensar el movimiento.

7 comentarios:

  1. Felicitaciones! Que se venga el otro año de escritura revitalizadora! Como ustedes bien lo dicen, no solamente hace falta un nombre o conciencia de sí para nuestra escena, sino muchos espacios que inciten a la reflexión y a la crítica, como el de ustedes.

    Por otro lado, me hicieron pensar en esos "lineamientos" de la "independencia" y en la importancia de la discursiva recurrente sobre esa "libertad estética", en esa aparente tendencia al anonimato, ese alejamiento de los medios tradicionales. Aguanta dar el paso más allá y que la escena se reconozca así misma en hechos y objetivos comunes (el impulso a los festivales, a medios como este, a medios más periodísticos, a nuevos bares).

    Un par de cuestiones:

    Viendo en perspectiva lo que ha pasado en los últimos tres años en Matik, creo que es chévere pensar que la base ha sido de varios proyectos musicales del parche Distritofónico. Pero seguro podemos pensar ese movimiento como algo más amplio, que abarque más músicos y más gentes juiciosas (en otros sectores de Bogotá, en otras ciudades del país y del mundo).

    Eso lo digo porque siento que aguanta pensar la escritura de nuestraa escena más allá de esas pequeñas "islas", para que, como se ha visto varias veces en nuestra historiografía musical, la cosa no termine siendo la iniciativa de un parche de buenos samaritanos. Por ejemplo, una movida valiosa, cercana a esta "isla" que se va abriendo cada vez más sería lo de Los Pirañas o lo de Edson Velandia...pero seguro hay más que tengan esa mirada vitalísima sobre la tradición, más allá del folclorismo, la moda de la cumbia, o de los purismos de los festivales...

    A veces también yo pienso que, más allá de los lineamientos estéticos y los discursos sobre la experimentación o la vanguardia, el camino culebrerísimo sería el de pensarnos más como una escena sostenible y menos hermética;...que al mirarnos también nos asumamos con menos miedo como productores de la cultura que se consume ahorititica, y que podría consumirse igual en otros bares, otros sectores de la ciudad, otras ciudades, otros canales de comunicación (radio, T.V., etc).

    También les tenía una pregunta, ¿a qué bibliografía sobre la escena se refieren? Me gustaría mucho leer algo de eso.

    Un abrazo,

    Juan Pablo A. B.
    www.radiopachone.org

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    1. Hola, Juan Pablo. Gracias por escribirnos.

      Más que defender la necesidad de un nombre, nuestra reflexión iba a que el hecho mismo de que no exista uno, nos incita a preguntarnos qué se sigue de esa ausencia y hacia dónde podría orientar posteriores investigaciones.

      Nosotros vemos que en la escena, por parte de los músicos y de muchos gestores, sí hay una conciencia del movimiento que viene creciendo. En cuanto a los hechos y objetivos comunes en los que señalas que valdría la pena concretar ese reconocimiento, vemos que por ejemplo el Festival Distritofónico y Matik-Matik son una buena muestra de que es posible incentivar la libertad propia de lo underground y la individualidad dentro de las colectividades, al tiempo que se abren las puertas a cierta visibilidad mediática y a alianzas institucionales. Claro, en una ciudad como Bogotá siempre son necesarias más iniciativas. Estamos de acuerdo contigo en que, sin duda, esta movida está compuesta por mucha más gente, y eso confirma las limitaciones de este blog así como la necesidad de pensar en investigaciones mucho más amplias.

      Señalas dos casos que han sido de particular interés para el Orejón, Velandia y Los Pirañas, y fíjate que sin ser distritofónicos, ambos han tenido en Matik una de sus principales tarimas. Claro, hay otros escenarios que también son fundamentales, y sin duda en ambos casos los músicos han hecho camino por cuenta propia, por eso, estamos de acuerdo en que se trata de búsquedas originales que no hay que perder de vista.

      Estamos de acuerdo también en que una escena más sostenible implica una escena menos hermética. No queremos decir que la escena experimental en Bogotá sea hermética, pero sí que la apertura depende de muchos factores además de la voluntad de los músicos. Las radios en internet, como bien sabes, permiten cada vez más ese reconocimiento de “productores de cultura” que mencionas. Otro aspecto es la postura del Distrito frente a las expresiones culturales de la ciudad. Al respecto, destacamos el interés de la actual administración por hacer conciertos de jazz y de músicas experimentales de la escena en distintas localidades de la ciudad, bien lejos de nuestro cómodo Chapinero. Pienso (escribe Lucía) que es un paso importante, pues tal vez la apertura de bares y la circulación de músicas no comerciales depende de que la gente pueda conocer otras opciones y llegar a tener renovadas empatías sonoras. Otro asunto que me parece valioso que las administraciones públicas puedan asumir es el hecho de que las ciudades son centros de migración, lo cual tiene un impacto tanto en la producción como en la recepción de las músicas. En este sentido, lo ideal es que cada vez más los músicos bogotanos puedan llevar su trabajo a distintos puntos de la ciudad, a otros pueblos y ciudades, y que así mismo los músicos independientes de todo el país tengan la opción de circular más. Uno de los objetivos de las investigaciones que se puedan emprender en este campo consiste en encontrar respuestas sobre cómo desarrollar en nuestro contexto modelos de circulación sostenibles, o, más sostenibles.

      Sobre la bibliografía en torno a la escena, lo que hemos encontrado es que no hay tal. Te comparto, sin embargo, algunas de las fuentes más valiosas que nos han servido de apoyo en nuestras indagaciones: Revista Trans y A Contratiempo (ambas en red). En la Luis Ángel un libro publicado por la Universidad Pedagógica, “Universidad, músicas urbanas, pedagogía y cotidianidad”, que aún hemos consultado pero sí se destaca en medio del abundante silencio bibliográfico.

      Tal vez te pueda servir nuestro primer post sobre Encuentros públicos (...), en el que recogimos una cantidad considerable de fuentes útiles para investigadores. Otro texto que te puede interesar, si no lo has revisado aún, es el ensayo "Los Pirañas. Vanguardia tropical", que puedes encontrar en nuestro blog o en la publicación del Premio Nacional de Crítica 2011-2012.

      Por supuesto, continuaremos compartiendo nuevos hallazgos.

      Un abrazo desde el Orejón.

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    2. Otra fuente que vale la pena revisar, Juan Pablo, es este blog: http://musicasrevueltas.blogspot.com/ Aunque está desactualizado, cuenta con buen material de referencia.

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  2. Orejón, en hora buena por el aniversario, y por todos sus aportes que ustedes saben nosotros los músicos apreciamos mucho.

    A mi me parece emocionante pensar en esta escena que crece y que lleva tiempo, La Distritofonica cumple 10 años, matik-matik cumple 6, Curupira cumple 14, etc. Estoy de acuerdo con Juan Pablo, esta escena es mucho mas grande que el colectivo La Distritofonica. Hay que ver el creciente catálogo de Festina Lente, Matik-MAtik, etc por el lado de la producción discográfica, pero como se menciona en esta entrada, también hay actividad constante mas allá de estos registros.
    En mi opinión, un nombre para la escena puede ser un arma de doble filo, y puede ser prematuro.... Aunque 10 o 15 años pesan, con el tiempo puede parecer efímero, y al poner una etiqueta, inmediatamente se creará la necesidad de quebrarla, de ir mas allá. Tal vez eso sea bueno, y por supuesto entiendo la necesidad de tener una descripción y un nombre para poder identificar todo este caldo sonoro. Pero por otro lado me parece que si se identifica que hay diversidad, pues tal vez una de las características mas valiosas es precisamente eso, la diversidad. Ha sido una opinión mia hace rato creer, tal vez de una manera idealista, que esa diversidad es lo que hará fuerte y reconocible la música reciente de este rincón del tercer planeta. Todo esto lo planteo como mi opinión personal, con el ánimo de alimentar la conversación.
    Abraos!

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    1. Gracias por tus palabras, Ricardo.

      También el Orejón ve en la diversidad un sello del movimiento independiente, no solo en Bogotá sino además en otros lugares del país. Sello que desde ya, y cada vez más, hace fuerte y visible la producción musical colombiana, independiente. Tu propio cuarteto es una buena muestra de ello.

      A propósito de tu comentario, quiero destacar la investigación de Mario Galeano en su programa "Salga el sol" de Radio Gladys Palmera, en el que, precisamente sin necesidad de quedarse en las etiquetas, explora con amplitud una parte de la riqueza musical colombiana. Otras investigaciones notables en este esfuerzo por enfocarse en mirar la diversidad son las que mantiene, por un lado, Sonidos Enraizados y, por otro, el programa Musicapital, de Canal Capital.

      Así el panorama, este es un diálogo que va para largo. Ojalá en él sigan resonando las voces escritas de los músicos.

      Abrazos desde el Orejón.

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  3. Saludos, orejón, y gracias por su importante trabajo! Como lector y observador de la escena bogotana desde el extranjero, como participante y colaborador ocasional en algunas visitas a la capital, y con una gran ingenuidad frente a lo mucho que, intuyo, debe suceder más allá de los "parches" serios y sólidos que ya se han establecido, se me hace que es un gran momento tanto para la música como para la apreciación, descripción y crítica musicales. Los años no solamente dejan testimonio de producción (discos, conciertos, festivales, y toda una movida cooperativa o de colaboración en torno a la producción y que involucra a artistas visuales y plásticos entre otros), sino que también evidencian un proceso de maduración muy profundo y amplio en cuanto a lo que los integrantes de esta escena tan diversa entienden como música y arte. Lógicamente que esto exige un tratamiento crítico que esté a la altura, creo que ese es más o menos el nudo del artículo. Mi opinión, también ingenua, es que la crítica también ha madurado mucho en una labor que incluye reconocer la heterogeneidad como fundamento mismo (completamente de acuerdo con Ricardo), y reconocer que la diversidad no es más que un reflejo y consecuencia inevitable de la realidad de los músicos bogotanos. La independiencia de los medios facilita esto también.

    Como ese proceso ha sucedido de forma independiente (sin directriz institucional) y ha buscado expandir los espacios de expresión (de la mano de músicos/gestores, dueños de lugares y escritores entusiastas amantes de esta diversidad), me parece sano que el proceso siga el curso y crecimiento orgánico que ha mantenido. Mi opinión es que la crítica puede contribuir inmensamente con su labor de identificación y descripción sin necesidad de recurrir demasiado a la definición, calificación o clasificación de algo tan dinámico y plástico como lo que pasa en Bogotá. (Quizás no se puede identificar sin dejar de definir, ni describir sin dejar de clasificar, etc., pero bueno, siento que hay diferentes grados de cada cosa.)

    De nuevo, esto es solo mi visión de espejismo por la distancia. En todo caso un abrazo y felicitaciones!

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    1. Hola, Alejandro,

      Muchas gracias por tu mensaje. Una mirada desde la distancia material, en efecto, también es muy útil para este esfuerzo de análisis y descripción.

      Lo que señalas acerca de cierto "proceso de maduración" pone de manifiesto que un aspecto importante a tener en cuenta en el trabajo crítico es el de las generaciones, algo a lo que varios músicos se han referido cuando les hemos preguntado por sus fuentes de inspiración y por sus iniciativas de asociación, y que para el Orejón es un capítulo entero en la investigación a largo plazo.

      No vemos ingenuidad en decir que también la crítica ha madurado. Aunque somos novatos en este campo (la juventud de nuestro blog nos delata), nosotros también vemos que trabajos como el de Luis Daniel Vega y el de Jose Perilla (por mencionar los más visibles) se ha ido nutriendo de esa misma heterogeneidad que, estamos de acuerdo contigo, es fundamento de la música independiente en Bogotá e incluso en muchos lugares de Colombia.

      Estamos completamente de acuerdo en la diferencia de grados a la que es valioso apostarle en la investigación, para que las descripciones o las posibles categorías a que se acuda sirvan como instrumento de la reflexión y no como sentencias que, por supuesto, fácilmente quedarían desbordadas por el fenómeno mismo,como señalan tú y Ricardo.

      Gracias por acompañarnos en estas indagaciones y esperamos seguir contando con tu lectura y tus opiniones, en las que no encontramos ningún espejismo.

      Un abrazo desde esta gélida capital.

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