sábado, 18 de octubre de 2014

Festival Distritofónico 2014: Jornada 4

La cuarta jornada del Festival Distritofónico estuvo dedicada por completo a propuestas latinoamericanas y tuvo como invitada de honor a la voz femenina.

En el auditorio Luis Carlos Galán de la Universidad Javeriana, con asistencia completa, João Taubkin Trío fue el encargado de abrir la jornada con João Taubkin en el bajo electroacústico, Zeca Loureiro en la guitarra y Bruno Tessele en la batería. Fue un concierto intenso que no soltó la atención y el disfrute del público, que en más de un momento habría querido dejar el asiento para saltar a una pista. Y es que la propuesta de esta banda paulista, que se arma desde la lógica del jazz, combina música brasilera y africana con una buena dosis de rock. Un rock elegante, sin caer en lugares comunes y más bien siempre con una sorpresa después de cada nueva variación. Este Trío pone en escena un bajo que sobresale acompañado de una batería magistral; las líneas melódicas entretanto, una característica sobresaliente en su propuesta, las encontramos en las manos del guitarrista Loureiro y en las letras de João. Pero estas últimas no eran tales pues en realidad, aunque parecían estar cantadas en una lengua muy cercana al portugués, eran líneas de glosolalia, ilusiones lingüísticas perfectamente adaptadas al contorno musical y con una serie de efectos que le daban un aire tribal y afrolatino a sus canciones.

El repertorio estuvo compuesto principalmente por temas de Tribo, disco que publicó el Trío en 2013 bajo el sello Núcleo Contemporáneo, productora musical y casa cultural que dirige el músico y promotor Benjamin Taunkin, padre de João. Completaron el repertorio una pieza de Afroelectro, grupo del que hizo parte João, y dos piezas que tuvieron como invitado a Antonio Arnedo. Acompañado de una pequeña niña, Arnedo subió al escenario en donde la presentación terminó con sendas descargas muy emotivas que fueron reflejo fiel de los lazos que unen a los músicos en este continente. Al final, el público supo agradecer generosamente tan agradable sesión.  



Los últimos dos conciertos de la jornada estuvieron dedicados a la canción latinoamericana, o mejor, a la nueva canción latinoamericana. O, mejor aún, a la interpretación contemporánea de esa larga y reconocida tradición musical de nuestro continente que va del folclor a la canción social.

En el Teatro Jorge Eliecer Gaitán, Bituin fue la primera banda que puso a prueba, con su finísima sonoridad, el sonido del Teatro. Uno de esos conciertos en los que el silencio del público, más que un lujo, es un requisito. Con una puesta en escena casi ritual, con atuendos muy elegantes y llamativos, y un repertorio tomado de los dos discos que han publicado hasta el momento, Paisaje Abierto, (Festina Lente Discos, 2011) y Entre tu pueblo y mi pueblo (MSF, 2014), las dos parejas de hermanos que conforman esta banda invitaron al público a un viaje entre muchos amigos conocidos -Chabuca Granda, Astor Piazzolla, Antonio Aguilar, Tomás Méndez y Violeta Parra, su gran homenajeada- pero con medios, por así decirlo, totalmente novedosos. El canto de las hermanas Áñez, Juanita y Valentina, es el claro producto de un arduo trabajo con la voz entendida como un instrumento musical de incalculables posibilidades, capaz de incorporar no solo los elementos del habla y del canto, sino también los sonidos extramusicales que el aparato fonador humano puede realizar. De manera complementaria, la musicalización que hacen los hermanos De Mendoza, Daniel y Santiago (contrabajo y bajo; batería), se construye si se quiere como una música secreta que al mismo tiempo busca cierta transparencia en beneficio del trabajo vocal, pero que no deja de llamar la atención por sus ricos detalles. Toda la banda, para decirlo en pocas palabras, echó mano de los variados recursos que hicieran posible la atmósfera exacta que su interpretación se proponía, desde chasquidos vocales que evocaban el gorgoteo de una paloma, hasta el uso de cuencos tibetanos, silbidos, o lecturas nasales de noticias inventadas.




Esta banda en vivo impresiona por el conocimiento y la confianza que se tienen sus músicos, que casi no recurren a las indicaciones o señales entre ellos, cuando el grado de exactitud que exige su propuesta es altísimo. La sincronía en Bituin es quizás uno de los rasgos más importantes, pues en buena medida sostiene la armazón de sus canciones llenas de relieves. Esta característica, creemos, emparenta su trabajo con la música clásica, especialmente la de cámara, donde cada detalle tiene un lugar único en el conjunto. Pero en su caso, conduce al mismo tiempo a una imagen caricaturesca (que no confundimos aquí con burla), que deforma y reconstruye a partir de la precisión. Y esto, además, realza el carácter plástico de la música. Volver entonces al pasado no solamente por volver, sino hacerlo para extraer o poner en perspectiva las connotaciones y sentidos de la tradición, a partir de transformaciones radicales.

El concierto de Bituin terminó con la invitación a tarima de Sofía Rei, quien después cerraría la velada. A diferencia de las otras sesiones del Festival, marcadas por el contraste, estos dos conciertos estaban profundamente relacionados.

Esta argentina llegó al escenario después del intermedio acompañada de Jean- Cristophe Maillard, en la guitarra y el saz, y de Franco Pinna en la Batería. A diferencia de Bituin, que como dijimos se acerca más a un grupo de cámara (también en su sobriedad), Sofía Rei salió al escenario con sus compañeros en una actitud más sensual y extrovertida. Su corporalidad comunicó rápidamente su capacidad para apoderarse del escenario y, así, tanto su voz como su presencia, su ejecución de charango y capachos, como su deleite y su gratitud con los locales, cautivaron al público. Su repertorio dio un paseo por diferentes lugares de Latinoamérica, desde México hasta Argentina, pasando por Perú, y con su voz, llena de recursos y posibilidades expresivas, algunas veces sometida a efectos electrónicos, también demostró un enorme talento para la improvisación. Con Lucía Pulido como invitada cantaron dos temas a capela de gran intensidad y lirismo. 

Sofía Rei también incluyó dos temas del disco Book of angels, Vol. 13, del proyecto Masada Book Two de John Zorn, que Rei grabara con el cuarteto de voces femeninas Mycale en 2010. Como ella misma lo dijera, parece ser que John Zorn, un personaje que se ha convertido en un epicentro musical en Nueva York, es también otro de los invitados al Festival, o por lo menos así lo confirma la presencia de músicos que como Medeski, Friedlander, Saft y la misma Rei, han hecho parte del proyecto angélico de Zorn.

Como a todos los demás artistas de esta jornada, el público (que pudo, o debió, ser más nutrido) agradeció no solo el concierto de Rei sino también el cariño con el cual se le vio en este escenario. Un escenario que mostró que voces como la suya, la de Lucía Pulido y de las hermanas Áñez son una muestra muy interesante de los nuevos rumbos que la voz femenina latinoamericana ha ido tomando en las últimas décadas. 


Hoy termina el Distritofónico con cuatro conciertos en dos escenarios. En el primero, precisamente volveremos a saltar entre Nueva York y Colombia con Jamie Saft Trío y la Chirimía del Río Napi. En la noche, la fiesta de cierre estará a cargo de Carmelo Torres y Los Toscos y el Frente Cumbiero. No prometemos, por lo tanto, la reseña de esta última jornada para mañana.

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