sábado, 22 de agosto de 2015

Volumen 2 de Canción psicotrópica y jaleo en la apertura del Distritofónico

Anoche asistimos en Matik-Matik a una fiesta doble: el lanzamiento del segundo disco de El Ombligo, proyecto liderado por el contrabajista bogotano Santiago Botero, y la inauguración de la quinta versión del Distritofónico, un festival que es ya para el público capitalino un sello de calidad sonora, sin cercos de géneros ni de geografías. Como abrebocas para el cartel que nos ofrece este año, la elección de las sonoridades de El Ombligo no pudo ser más atinada, pues se conjuran en ellas varias de las apuestas estéticas del colectivo La Distritofónica: el gusto por músicas longevas de nuestro territorio y la admiración por sus maestros, un ánimo continuo de experimentación y la vivencia de la música en sí misma como un festejo.


El concierto inició cerca de la media noche, como es ya tradición en un viernes de Matik, con un público bastante nutrido y a nuestro modo de ver, diverso, al que Pedro Ojeda en la batería, Ricardo Gallo en el sintetizador y Botero en el contrabajo, pusieron a bailar con el oído atento desde los primeros compases. Pues, con el llamado enérgico del primer corte que interpretaron, “Volumen 5”, los cuerpos allí reunidos sentimos la pulsión tropical del movimiento y una vez estuvimos allí, rodeados de la luminosidad del Caribe que conseguía aquella música, la aceleración del ritmo cambió para decirnos, también con un cambio en los colores de las notas, que iríamos despacio. Que nos esperaban sorpresas; que sería inevitable frenar muchas veces y parar la oreja, para volver a sonreír y continuar entregados al jolgorio.

En todos los temas que tocaron, experimentamos un juego impredecible con el tiempo y con las melodías, juego que aunque invitaba al baile, no se comprometía con mantenerlo ni en velocidad, ni en ritmo ni en color. Muchas veces dentro de un mismo tema pasábamos de la sensación de una fiesta muy tropical a la de una intensidad propia del punk, o en otros momentos del rock, e incluso los enamorados tuvieron un exquisito bolero, de estilo libre, para abrazarse. En este recorrido vertiginoso, el Orejón notó que se ha generado en Bogotá un público que está dispuesto a bailar con músicas que no están en su horizonte de expectativas. Nosotros asistimos con un par de amigos que no son visitantes asiduos de Matik ni seguidores de la improvisación, y pudimos verlos, como al resto de los asistentes, emparrandados de principio a fin.
Foto cortesía de Manuela Orduz.

Y es que, juntar contemplación y danza no forma parte de nuestros hábitos de fiesta, pero esta música sí que nos hizo vivirlas como una sola y gozosa experiencia. Otro elemento destacado en su construcción fue el diálogo con citas o referencias melódicas al universo sonoro de Andrés Landero y de Jaime Llano González, elementos que, intuimos, facilitan la comunicación con los bailadores por la memoria acústica que habita en nuestros cuerpos. Cabe destacar, al respecto, el acierto en la instrumentación y en la ejecución tan groovera de todos los músicos. Hacia la mitad del concierto, Botero remplazó su contrabajo por un bajo eléctrico, mientras que Gallo oscilaba entre el piano y el sintetizador. En sintonía con la experiencia descrita, el oído percibía entonces, con espontaneidad, las distinciones de cada atmósfera, cada nuevo lugar al que la música iba conduciéndonos a través de sus instrumentos. Subió al escenario Kike Mendoza, con el sello personal de su guitarra eléctrica, y hacia el final se unieron César Medina (saxo soprano), Juan Arbaiza (saxo tenor) y Mange Valencia (saxo alto), para completar con un poco más de euforia este sonido robusto y decidido.

Para el Orejón Sabanero, al recordar el primer disco del Ombligo y todo lo que ha escuchado en el Festival Distritofónico, esta Canción psicotrópica y jaleo, vol.2 (Festina Lente Discos, 2015) deja ver un paso adelante en el desarrollo de la música experimental y de vanguardia en Colombia. A nuestro modo de ver, este trabajo consigue un movimiento de síntesis, en el sentido de que la experimentación deja de ser una búsqueda para transformarse ella misma en un resultado compacto, sin fisuras ni costuras.

Al final del concierto el público pidió otra más para que la pachanga no acabara; incluso el calor concentrado en la pista de baile nos hacía vibrar en una suerte de pequeño Caribe. Nuestros amigos, que nunca habían oído hablar del Ombligo, compraron sus dos discos y se despidieron agradeciéndonos por la delicia de concierto al que los habíamos convidado. Nosotros nos quedamos un rato más, contagiados de la selección de discos y del ánimo del Festival que continúa este jueves. Toda la programación de sus talleres y conciertos, disponible en su portal.

4 comentarios:

  1. hola! hay algún lugar donde pueda encontrar más información del blog y de la persona o personas que escriben? estoy pendiente y gracias!

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    1. Hola, Sarita. Puedes escribirnos a orejonsabanero@yahoo.com.
      Gracias por leernos!

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  2. Les cuento que estos amigos que los acompañaron al concierto seguimos prendados de El ombligo. Muy buen post!

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  3. Gracias por la compañía, también en la lectura, querida CaroLópez.

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